Winona Laura Horowitz nació en el seno de una familia hippie típica de los 60 el 29 de octubre de 1971, Sus padres y sus tres hermanos vivían en una comuna en la que no tenían televisión ni luz eléctrica. Su madre Cindy, aportó dos hijos mayores Sunyata y Jubal, y después junto con Michael su padre, la tuvieron a ella y a su hermano menor Yuri. Sin embargo las precariedades de esta vida eran suplidas con actividades culturales que influyeron a la hora de que la Winona decidiera lo que quería ser de mayor. Se hacían representaciones de obras clásicas de teatro y así participando en ellas la pequeña Winona descubrió sus inquietudes artísticas. Pero no todo iba a ser idílico, porque tanta libertad de costumbres no agradaba demasiado a Winona, que ansiaba tener una casa fija con un jardín. Al cabo de un año sus sueños se hicieron realidad, y su familia se instaló en en Petaluma, California, un pueblo cercano a San Francisco, donde Winona empezó a ir al colegio y a empaparse en la televisión de los clásicos de Hollywood. Fue cuando comenzó su fascinación por actrices míticas como Bette Davis, Ginger Rogers, Ingrid Bergman o Greeg Garson, y cuando decidió que quería ser actriz; tenía 8 años. Su etapa en el Colegio no fue demasiado feliz, porque su aspecto ambiguo, con el pelo corto y de cuerpo delgado, casi escuálido, le hacía sufrir bromas pesadas por parte de los niños, que la confundían con un chico frágil. Tras terminar la Primaria, sus padres la matricularon en el American Conservatory Theather de San Franscisco donde Winona encontró la felicidad y su vocación. Su primera oportunidad llegó cuando se presentó al casting para la película “Dessert Bloom”, pero aunque no consiguió el papel, si consiguió que un director se fijara en su prueba, que fue magnífica, y le diera una oportunidad para la que sería su primera película, David Seltzer le ofreció un papel en “Lucas”, película de adolescentes en la que participaron también un jóven Charlie Sheen y Corye Hain. Esto fue en 1986. A partir de ahí, no paró de trabajar, y así comenzó a realizar varias películas por año, así en 1987 rodó “Square Dance”, película también para adolescentes con la que Winona comenzó a darse a conocer y sobre todo a obtener experiencia. En 1988, le llegó una de sus grandes oportunidades cuando participó en la exitosa y rara “Beetlejuice” junto al por entonces ya consagrado Michael Keaton. Fue uno de sus primeros papeles importantes y ya con tintes dramáticos, dentro de una historia eso sí, casi de ciencia ficción. Sólo un año después, cuando todavía teníamos grabada en la retina su imagen de adolescente obsesionada con el mundo de la muerte y vestida de negro de los pies a la cabeza, nos sorprendió con una nueva colaboración con el genial Tim Burton, en “Eduardo Manostijeras”, historia romántica y fantástica donde las haya, en la que Winona interpretaba a una adolescente alocada que se enamora del extraño ser, encarnado por Jhonny Deep, y cuyo amor no se pueda llegar a realizar. El idilio de la pantalla se hizo realidad, y así los dos protagonistas iniciaron un romance intenso con visos de eternidad, pero que no llegó a hacer sonar campanas de boda. Lo más duradero fue el tatuaje que Jhonny Deep se hizo en un brazo y que decía “Winona forever” y que tras el final del romance se redujo a “Wino forever”. A partir de 1990 llegarían unas cuantas producciones sin demasiado éxito en taquilla, pero que forjaron a la actriz de talento que Winona ya apuntaba ser, en sus primeros papeles, sobre todo actriz dramática. Además pudo aprender de sus compañeros que fueron muchos y muy buenos, así rodó junto a Cher “Sirenas” y junto a Michelle Pfeiffer y Daniel Day Lewis, con quien también mantuvo un romance sonado, rodó “La edad de la inocencia”, película de época dramática y romántica, por la que Winona conseguiría su primera nominación a los Óscar como Mejor Actriz de Reparto. En 1992 trabajaría en una producción controvertida, la nueva versión del clásico “Drácula”, junto a Gary Oldman y Keanu Reeves. Terror en ambientes góticos para casi todos los públicos amantes de los chupasangres. 1994, fue su año, ya que por su papel en la versión moderna de “Mujercitas” de Luisa May Alcot, consiguió la segunda nominación de su carrera. En 1994, cometió un pequeño desliz, que la desvió un tanto, de sus papeles habituales, y que sin embargo la catapultó a la fama total, cuando se le comenzó a incluir en la que se dio en denominar “Generación X”. Participó en “Reality Bites” junto a Ethan Hawkes en una película controvertida en argumento y temática. Las críticas fueron nefastas, pero Winona salió airosa. A pesar de eso, no le gusta nada la etiqueta que le impuso a los actores que comenzaron a despuntar en esos años. Tal vez, porque ella llevaba muchos años trabajando en el cine, y no era la primera película que hacía. A partir del patinazo, volvió a sus papeles dramáticos, que tan bien se le dan, y protagonizó algunas producciones, como “El Crisol”, de corte marcadamente romántico. En esos años, las únicas películas en las que arriesgó un poco, fue en “Las brujas de Salem”, donde encarnó a una bruja contemporánea y en Looking for Richard”, versión documental del clásico de Shakespeare “Richard III”. En 1997, cambió totalmente de registro metiéndose en la piel y el metal de nada más y nada menos que un androide, en “Alien Resurrection”, la última parte de la mítica saga del extraterrestre más famoso de los últimos tiempos , con permiso de E.T., dirigida por Jean-Pierre Jeunet. En 1998, Winona, como no podía ser menos, reconocida como está como una de las mejores actrices de Hollywood, en la producción o reunión de actores Hollywodienses , de Woody Allen, que fue “Celebrity”. Hollywood visto por sí mismo a través de sus protagonistas. El año pasado, fue aclamada popularmente por su participación en “Inocencia interrumpida”, aunque finalmente fuera Angeline Jolie, coprotagonista del filme la que se llevara los premios. Este mismo año, las dos películas en las que ha participado no han podido ser más dispares en sus temáticas, en una de ellas, “Poseidos”, encarna a una jóven que ha sido poseída por el mismisimo diablo y que ha de ayudar a otros poseídos en potencia a superar el mal trago. Mientras que en la segunda, “Otoño en Nueva York”, se mete en la piel de una jovencita que se enamora de un maduro Don Juan, encarnado por Richard Gere, en una historia romántica entre “Pretty Woman” y “Love Story” con trágico final. Winona Ryder, bajo su aspecto frágil y casi inocente, que muestra a través de sus grandes ojos oscuros, ha sabido adaptarse a los tiempos, y superar las etiquetas, para demostrar que es una actriz de talento, de gran fuerza interior e innegable carácter triunfador. Afortunadamente, tenemos Winona para rato. |